jueves, 17 de julio de 2008

Negro era el de antes

Ser Bogart es cosa del pasado. Se terminó esa idea del detective que sigue gente, junta datos, se vende, lo fajan, se enamora de la mujer equivocada y siempre aparece un muerto que no debería aparecer.
Eso es lo difícil de ser un detective en este siglo, la gente se volvió boluda. Se cagan por mail. Los pelotudos se mandan mails con sus amantes diciéndose de que tantas formas van a cojerse y como siempre (esto jamás cambia) prometen que pronto dejarán a sus parejas actuales. Ahora, ¿esa gente no se da cuenta que sus novios y novias saben sus constraseñas? Sí, el mail terminó de matar la sospecha de infidelidad. Se terminaron las largas pesquisas subido al asiento de un renault 12 enfrente de la puerta de un telo, con la única compañía que un café que se hace frió minuto a minuto y alguna novela rosa para matar el tiempo.
El otro problema que existe ahora es que se encuentra todo en internet. ¿Para qué buscar a un pariente desaparecido, si puedo encontrarlo en google en tan solo dos clicks? También cambiaron los métodos para espiar. Un sitio de remates vende cámaras minúsculas para esconderlas y ver bien si tu mujer te está cagando con tu jefe o si la niñera está dándole chirlos a tus hijos.
Se terminó, no puedo seguir en esta oficina vieja con un fichero de papel que está siendo el paraíso de las cucarachas comepapel (¿por qué será que las cucarachas aman el papel?) y un teléfono de disco donde se mete una radio am de fondo.
Todo eso pensó Marlowe, antes de comprarse su primer celular.

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